Anatomía del ojo fácil

Los ojos son uno de los órganos más importantes y complejos que tenemos. Están compuestos por múltiples estructuras con funciones muy específicas y precisas. Pero muchas veces confundimos estas estructuras y les otorgamos funciones o dolencias que no les corresponden. En este post describiremos las partes más importantes, su función y las principales afecciones que pueden sufrir.

En Clínica Castanera nos gusta comparar el funcionamiento del ojo con el de una cámara fotográfica. Una cámara dispone de un par de lentes para enfocar, que en el caso del ojo serían la córnea y el cristalino, un diafragma que regula la entrada de luz, que es la función propia del iris, y una película fotográfica donde se reflejan las imágenes, que en el caso del ojo sería la retina. Estas serían, a grandes rasgos, las 4 principales estructuras del ojo. Pero veamos cada una de ellas con más detalle:

CÓRNEA:

Es la parte transparente de delante del ojo. Se trata de la primera de las dos lentes de que disponemos y la de mayor potencia. La transparencia es debida a que es una estructura avascular, no dispone de vasos sanguíneos. Cuando la córnea pierde la transparencia, bien sea por una enfermedad o un traumatismo, o si se adelgaza demasiado, como ocurre con una afección denominada queratocono, puede que la única opción sea realizar un trasplante de córnea.

Tiene un grosor de aproximadamente 0,5 mm en su parte central repartidos en tres capas: epitelio, estroma y endotelio. 

IRIS:

Es un músculo que se dilata o contrae en función de la cantidad de luz ambiental. Actúa como el diafragma de una cámara de fotos, a mayor oscuridad ambiental más se abrirá para permitir más entrada de luz hacía nuestra retina. 

El color de nuestros ojos viene definido por la cantidad de pigmento que presente nuestro iris. Cuanto más pigmento más oscuros serán, es decir, que los ojos claros no son más que ojos con menos pigmento.

PUPILA:

La pupila no es ninguna estructura. Se trata simplemente de la apertura que deja el iris cuando se abre. Hablamos de pupilas dilatadas cuando en realidad es el iris el que se dilata o se contrae.

CRISTALINO:

Es una de las estructuras más complejas que contiene el ojo. Es la segunda de las lentes, después de la córnea, de las que disponemos. Tiene una forma similar a una lenteja y su principal característica es que es capaz de variar su forma y su tamaño. De esta manera puede cambiar su potencia para enfocar tanto los objetos lejanos como los cercanos.

Las principales afecciones que puede sufrir el cristalino son dos: la presbicia o vista cansada y las cataratas. Aunque ciertamente la presbicia no afecta exactamente al cristalino, como veremos más abajo. En cuanto a las cataratas, estas se producen cuando el cristalino, por el paso de los años, va perdiendo transparencia. Esto provoca que veamos cada vez más borroso, con menor nitidez y suframos una pérdida notable en la percepción del color.

MÚSCULO CILIAR

Es el músculo que permite variar la forma del cristalino. Ambos están unidos por unos filamentos denominados zónula. Al contraerse o expandirse el músculo ciliar, el cristalino se alarga o encoge variando su potencia dióptrica. A partir de los 45-50 años este músculo empieza a perder rango de movimiento. Esto provoca que ya no seamos capaces de enfocar correctamente a todas las distancias. Es entonces cuando hablamos de presbicia o vista cansada. Por eso decíamos antes que la presbicia no es tanto un trastorno propio del cristalino si no del músculo ciliar.

ESCLERA:

Es la parte blanca del ojo que recubre el ojo desde la córnea hasta la parte posterior del ojo. Esta formada principalmente de colágeno y su función es principalmente la de proteger el ojo frente a daños del exterior y mantener la presión intraocular.

TRABÉCULO:

En el ojo existe un flujo constante de un líquido denominado humor acuoso. Este líquido tiene la función de nutrir diferentes estructuras y se filtra constantemente mediante una malla denominada malla trabecular o simplemente trabéculo que se situa justo en el borde del iris.

Cuando por la razón que sea esta malla se obstruye, el paso de líquido se realiza cada vez de manera más costosa. Esto provoca un aumento de la presión intraocular que se transmite directamente hacia la parte posterior del ojo, donde se encuentran la retina y el nervio óptico. Cuando esto ocurre es cuando hablamos de la aparición de una de las enfermedades oculares más graves que podemos padecer: el glaucoma.

RETINA Y MÁCULA:

Toda la parte posterior de nuestro ojo está recubierto de una capa fotosensible denominada retina. Gracias a multitud de receptores que captan la información de aquello que vemos, podemos interpretar nuestro entorno. Existe un punto muy concreto e importante en la retina: la mácula. Se trata de una zona muy especial, ya que es donde se enfoca todo aquello en lo que fijamos la mirada, es decir, nuestro punto de visión central.

Si se produce algún desgarro en la retina, esta se puede desprender y obstruir el paso de luz y, por tanto, de nuestra visión. La única alternativa en este caso es realizar una intervención quirúrgica denominada vitrectomía. 

Si es la mácula la que presenta algún daño, como cuando aparece la DMAE (Degeneración Macular Asociada a la Edad), es cuando podemos sufrir una pérdida importante de la visión. En este caso, existen alternativas medicamentosas que pueden resolver el problema, de lo contrario habría que optar también por la opción quirúrgica.

HUMOR VÍTREO: 

Se trata de una especie de gel que rellena el ojo por detrás del cristalino hasta la reina y lo dota de consistencia. 

En ocasiones algunas partes de este gel se densifican. Es entonces cuando aparecen las miodesopsias o moscas volantes, esas pequeñas manchas que podemos llegar a ver sobre todo al observar un fondo claro como puede ser una pared blanca o un cielo azul. Si llegan a ser muy molestas la unica opción vuelve a ser la vitrectomía.

NERVIO ÓPTICO:

Este nervio conecta directamente con nuestro cerebro. Es el encargado de recoger toda la información que recibe tanto la retina como la mácula y transmitirla al cerebro para que la interprete.

Cualquier daño provocado en esta estructura es difícilmente recuperable. Hay que tener en cuenta que se tratan de fibras nerviosas y que estas no se pueden regenerar. Por eso es tan importante adelantarse a enfermedades como el glaucoma que provocan un daño irreparable sobre nuestro nervio óptico que puede acabar en ceguera. Para ello la única manera es realizarse revisiones oftalmológicas periódicas.