¿Puedo cambiarme el color de los ojos?

El color de los ojos es un rasgo muy llamativo, sobre todo cuando se trata de ojos claros. Cada vez hay más gente con ojos con una tonalidad oscura que desea aclarárselos para conseguir una tonalidad más azulada, verdosa o anaranjada.

Pero, ¿se puede realmente cambiar el color de nuestros ojos? Veamos cuáles son las opciones que se están ofreciendo actualmente y si son realmente seguras.

DISCO DE SILICONA:

Se trata de implantar una especie de disco coloreado por delante del iris. Es un acto quirúrgico, y como tal se debe realizar en un quirófano, aunque la intervención es de carácter ambulatorio.

En nuestro centro somos testigos de qué son capaces de hacerle al ojo este tipo de implantes, ya que hemos tenido que explanar más de uno. Son pacientes que acuden a la consulta con presiones intraoculares desorbitadas, dolor ocular y una muy mala visión. El implante bloquea la circulación del humor acuoso —un líquido que nutre toda la parte anterior del ojo— y hace que pueda aparecer glaucoma, cataratas u otros trastornos severos.


Es una opción que médicamente está totalmente contraindicada, ya que los problemas oculares pueden ser muy graves, llegando incluso a provocar una ceguera irreversible si no es tratado a tiempo. 

LÁSER:

Se hace uso de un láser, similar al que se utiliza para realizar otro tipo de tratamientos en consulta, se va aclarando el color de los ojos. Parece sencillo y seguro, pero en realidad tiene ciertos inconvenientes que hace que la mayoría de oftalmólogos no lo lleven a cabo ni lo recomienden. 

Esta técnica quema la superficie del iris mediante disparos realizados con láser. Esto hace que el pigmento del iris poco a poco va desapareciendo y en consecuencia la tonalidad del ojo se va aclarando. El problema es que en cada disparo se libera una pequeña cantidad de pigmento. Estos fragmentos quedan sueltos y pueden llegar a bloquear la malla trabecular —zona por dónde se realiza el filtrado del humor acuoso— generando una presión excesiva dentro del ojo. Al igual que en el caso de los discos, esto puede provocar la aparición de un tipo de glaucoma que, de no recibir tratamiento, llegará a dañar nuestro nervio óptico y reducirá notablemente nuestra visión.

QUERATOPIGMENTACIÓN:

En ojos en los que la córnea se ha emblanquecido por causa de alguna enfermedad o traumatismo, es posible realizar una especie de tatuaje sobre ella imitando el color del ojo sano. En principio no tiene mayor inconveniente, exceptuando que la calidad visual del paciente será igual de mala, puesto que no se soluciona su problema corneal. Es más, al añadir un pigmento sobre la córnea, entre ellos el color negro que imita la forma de la pupila, ésta aún puede verse más reducida.

Como decimos, esta técnica está indicada para aquellos pacientes con una patología previa. Aun así, existen centros que han empezado a realizar una técnica combinada de láser y queratopigmentación en ojos sanos. Consiste en crear un espacio mediante el láser en la propia córnea que se rellenará con pigmentos naturales para imitar el color del ojo. Para algunos oftalmólogos, esta técnica no está lo suficientemente probada como para constatar que la aplicación de tinte sobre la córnea pueda alterar sus propiedades de manera negativa. Además, una vez tintada la córnea queda como un tatuaje, que se podrá llegar a variar su color, pero será imposible recuperar la transparencia corneal.

LENTILLAS DE COLORES:

Esta es sin duda la técnica más segura, menos invasiva y la que lleva más tiempo en el mercado. Se trata de lentes de contacto, iguales que las que se usan para corregir la miopía o la hipermetropía, pero coloreadas. Su uso es totalmente seguro y no supone ningún riesgo para ninguna de las estructuras oculares. Además, podemos cambiar el color de nuestros ojos tantas veces como queramos.

En resumen, existen diferentes técnicas  para intentar cambiar el color de los ojos, pero a día de hoy, exceptuando el uso de lentillas de colores, ninguna es lo suficientemente segura como para asumir el riesgo que suponen.